Bitácora Semana 4

 

Bitácora: Cuarta sesión de clase, Investigación Social
Samuel González Osorio
Universidad de La Sabana
Profesor: Juan Sebastián Cobos Munévar



Amaneció haciendo mucho frío y casi no me levanto. Cuando por fin salí, había un trancón (como raro), y me tocó coger por otro lado; para rematar cuando llegué no había parqueadero cerca. Fue uno de esos días donde todo parece ponerse de acuerdo para casi no llegar. Entré un poco agitado y claro, ya la clase había iniciado.

El profesor estaba hablando sobre los rituales. Explicaba que son esas rutinas o actos que repetimos antes de hacer algo importante. Por ejemplo, un jugador de básquetbol que siempre rebota el balón el mismo número de veces antes de lanzar un tiro libre, son como esas acciones o gestos a los que ya estamos acostumbrados. Uno a uno nos fue preguntando sobre qué rituales teníamos, si no recuerdo mal, hablé sobre poner una serie o video mientras me preparo para dormir. Y aunque no lo veía como ritual, me di cuenta que sí lo es.

Luego leí mi bitácora. El profesor me felicitó porque dijo que había mejorado bastante, aunque señaló detalles por pulir. Uno de ellos fue la repetición de palabras, pues específicamente repetía mucho la palabra “cosas” (error gravísimo), nos contó que no solo repetir términos afecta esa estructura del texto, sino que en un texto académico no se debe usar una palabra como esa, mostrándonos con qué palabras se podía cambiar según el contexto. No fue un regaño, obvio, es como con lo que me sucedió con la netiqueta, es una guía para mejorar.

Después comenzamos con una dinámica que vamos a usar alrededor del semestre, unas presentaciones por equipos con temas a exponer que previamente escogió el profesor. La de esta clase trató la etnografía, dos compañeras explicaron lo que es (un estudio de grupo para comprender su cultura y costumbres) y que implica trabajo de campo, presencia directa y diario de campo a través de la observación participante. También hablaron de dos tipos de desplazamiento: el físico, cuando uno se traslada al lugar, y el epistémico, cuando uno se mueve mentalmente para comprender otra perspectiva. Pero lo que más me llamó la atención fue el etnocentrismo: juzgar otra cultura desde la propia.

Ese concepto lo conecté inmediatamente con varias experiencias que viví en un intercambio en el exterior. Uno suele decir que existen muchas culturas y que todos somos distintos, pero hasta que uno lo vive de verdad no lo entiende. Allá me di cuenta de que lo que para mí era un chiste normal, cargado de sarcasmo muy colombiano, para otros podía ser incómodo o incluso irrespetuoso y me tocaba explicarlo con delicadeza para que comprendieran realmente lo que quería decir. Además, en la escuela noté cómo eran mucho más cuidadosos con los comentarios sobre religión, origen o identidad. No era exageración, era conciencia. Entendí que no basta con decir “respeto otras culturas”; hay que ponerse en los zapatos del otro de verdad. Pues soy fiel creyente en que el contexto en el que cada persona crece influye en su forma de pensar, reaccionar y entender el mundo, es el contexto una gran línea que no nos separa, sino que nos hace únicos. En la actualidad, es muy fácil caer en un etnocentrismo sin notarlo. Al final de la presentación hicieron un juego relacionado con el tema. Lo gané y me llevé un paquete de gomitas (de mis favoritas).

Siguiendo con el etnocentrismo, nos dejaron como trabajo ver la película Avatar y relacionarla con este. Cuando la volví a ver, me di cuenta de lo claro que refleja el etnocentrismo de una forma tan radical, como imponen una visión, un ideal y una cultura sobre otra y sus consecuencias.

Casi al finalizar la clase, el profesor habló sobre el #YOLOCAUST, un proyecto protagonizado por el artista israelí Shahak Shapira, quien tomó selfies y fotos que personas se habían hecho en monumentos conmemorativos del Holocausto y las editó sobre imágenes reales de los campos de concentración. Las fotos eran impactantes, creo que a muchos de verdad nos causó impresión, además que nos agarró por sorpresa, pues mostraban el contraste entre esta tragedia histórica y la ignorancia de las publicaciones en las redes sociales.

Más adelante nos explicaría sobre un proyecto etnográfico que tendremos que hacer, pero nos contó una “anécdota”, en la cual unas estudiantes viajaron para hacer este proyecto, se tomaron una foto para mostrarle al profe haciendo unas poses graciosas sin darse cuenta de que estaban sobre un monumento conmemorativo a las víctimas del lugar.

Esto me dejó reflexionando, en lo ignorantes que somos, en cómo nos enfocamos más en los likes, las visitas y las reacciones que tendrá nuestra foto que, en la experiencia real, en cómo un lugar tiene historias infinitas para contar, pues parece que actualmente importa más decir “yo estuve aquí” que entender qué representa ese lugar. En espacios como los monumentos del Holocausto, no se trata de posar sino de recordar. Pero no, ahora todo se vuelve contenido, y en esa búsqueda de aprobación perdemos el respeto, la empatía y la conciencia humana. El reto en la etnografía siento que va más allá de investigar o de estudiar, sino en lograr vivir una historia desde otros zapatos, con mente abierta, sin juzgar y entendiendo cómo podemos aplicarlo para aportar en nuestra forma de vivir más allá de nuestra investigación.

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