Bitácora semana 2

 

Bitácora: Segunda sesión de clase, Investigación Social
Samuel González Osorio
Universidad de La Sabana
Profesor: Juan Sebastián Cobos Munevar



La clase comenzó como de costumbre: leyendo las primeras bitácoras del semestre. Como el profesor ya me había avisado, sabía que en esta clase la mía estaba escogida. Aunque fui de los últimos en leer, mientras escuchaba las bitácoras de los demás no pude evitar compararlas con la mía. Desde ese momento sentía que no había comprendido bien el ejercicio. Estaba muy nervioso y dudaba demasiado de lo que escribí y de cómo lo escribí.

Sin embargo, fue precisamente gracias a ese momento que entendí realmente cómo se debe hacer un ejercicio como este. La bitácora no es un informe ni un ensayo tradicional. Es un espacio en el que, a mi manera, puedo contar lo que viví y lo que sentí, lo que me motiva y lo que me genera preguntas. Para mí esto era nuevo. Soy de los pocos que no había tenido clase antes con este profesor. Yo pensaba que tenía que ser algo totalmente académico, pero escuchar otras bitácoras me hizo darme cuenta de que escribir también es exponerse un poco; es mostrar cómo lo interpreto y cómo lo viví.

 

Cuando llegó el turno de mi bitácora, el profesor aprovechó para hablar de un tema que, después de esa clase, no voy a olvidar: la netiqueta. Yo había enviado mi trabajo simplemente adjuntando el archivo en el correo, sin asunto claro, sin una presentación formal y sin contextualizar quién era ni qué estaba enviando. Apenas el profesor me mostró un correo de otro estudiante, no me demoré ni 2 segundos en entender todo lo que me faltaba; comprendí su importancia y viví en carne propia, además, el lema con el que trabajamos la clase anterior: "todo comunica".

Esa reflexión sobre la netiqueta me acordó de inmediato algo que me pasó hace un tiempo. Una vez envié una hoja de vida para un trabajo. Yo estaba convencido de que estaba bien hecha: tenía mis datos, mi experiencia, mis estudios. Para mí cumplía con todo. Sin embargo, después entendí que no era lo suficientemente formal ni estaba estructurada como debía estarlo. Nadie me dijo directamente que ese era el problema, pero en el fondo sabía que en gran parte sí lo fue.

Ya después de explicar qué es y qué se necesita para cumplir con la netiqueta, pasamos a su importancia desde ejemplos del profe en otras universidades, clases y estudiantes, y ahí mismo me preguntaba: ¿Cuántas oportunidades habré perdido por no cuidar esos detalles? o ¿Qué imagen transmito cuando la uso y cuando no la uso?

Después de esa conversación, la clase avanzó hacia otro tema que me llamó mucho la atención: la teoría del tercer lugar. Básicamente, la idea de que cada persona necesita un espacio donde pueda ser completamente ella misma, sin máscaras ni presiones sociales externas.

 El profe nos dejó de tarea preguntarle a algún familiar sobre esta teoría. Pensé en mi papá. Cuando le pregunté cuál era su tercer lugar, no dudó en responder: el taller de la casa. En mi casa tenemos un taller donde él arregla cosas, organiza herramientas, construye, desmonta, vuelve a armar. Es un espacio donde se desconecta del resto del mundo. Y me pregunté: ¿por qué el taller? ¿Qué encuentra ahí que no encuentra en otros espacios? Tal vez control, tal vez orden, tal vez paz, o simplemente no es nada del otro mundo y lo disfruta, ¿Por qué no?.

Más adelante hablamos de la cultura del registro, y este fue un punto con el que conecté profundamente. La idea de anotar, registrar, dejar evidencia de lo que pensamos o hacemos me parece muy importante y me gusta hacerlo. El profesor mencionó el caso de Messi, quien firmó su primer contrato en una servilleta, algo que simplemente refuerza esta cultura y su importancia. Si lo pienso bien, incluso esta bitácora es parte de esa cultura del registro. Estoy dejando constancia de lo que pasó, pero también de lo que pensé. Y eso, de cierta forma, tiene valor.

Finalmente, cerramos con un tema que me dejó pensando bastante: la huella digital. Vivimos en una época donde creemos que las redes sociales son un espacio libre, casi sin consecuencias. Publicamos opiniones, chistes, fotos, videos, muchas veces sin dimensionar el impacto que pueden tener. El profesor habló de esto, mostrándonos ejemplos de la vida real, como unos estudiantes que fueron suspendidos de su título por un trend de TikTok, o personas que perdieron patrocinios por subir productos de otras marcas.

En relación con esto, el profe nos recalcó sobre la toma de decisiones, cómo debemos tener cuidado con esos pequeños detalles y que cada acción tiene sus consecuencias. A veces creemos que por estar detrás de una pantalla estamos protegidos, pero la realidad es que nuestra huella digital en nuestro mundo habla por nosotros.

Entendí en esta clase que los detalles importan. Un correo sin asunto. Una hoja de vida mal estructurada. Una servilleta firmada. Un taller en casa. Un video en TikTok. Todo tiene una razón de ser y a su forma es importante. Y me pregunto: ¿estamos siendo conscientes de eso? ¿Sí estamos tomándonos el tiempo antes de actuar? ¿O simplemente estamos reaccionando sin pensar en el qué pasará?

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Bitácora Semana 6

Bitácora semana 3

Bitácora Semana 4