Bitácora Salida de campo: Armero

Bitácora: Salida de Campo, Investigación Social
Samuel González Osorio
Universidad de La Sabana
Profesor: Juan Sebastián Cobos Munévar

 

Todo comenzó hace un tiempo atrás, cuando el profesor nos dijo que teníamos que realizar nuestra salida de campo. En ese momento, aunque sabía que era la entrega principal de la materia, la verdad es que estaba completamente perdido. No sabía qué hacer, ni hacia dónde ir, ni qué tema escoger, tenía tantas ideas que realmente no tenía nada y siempre encontraba un pero. Decidí entonces no forzar la decisión. Darme el tiempo de pensarlo bien, de dejar que surgiera algo que realmente me moviera, algo que no sintiera como una obligación, y justo ahí fue que me apareció esta increíble oportunidad.

Para Semana Santa, con mi familia decidimos viajar, algo que es poco común porque en este tiempo no les gusta mucho la idea de un viaje, sin embargo, mi papá tenía la idea de que yo conociera algunos pueblos como Honda, Mariquita y otros cercanos a la región. En medio de esa conversación, mencionó también que iríamos a Armero. Fue en aquel momento que me decidí por hacer mi salida de campo en ese lugar.


Siendo sincero, sí, sabía lo que había pasado en Armero, pero de forma muy general. Sabía que había sido una tragedia, que tenía relación con el Nevado del Ruiz y que dejó una huella en la historia de nuestro país, pero nunca me había detenido realmente a entenderlo, a sentirlo o a imaginar lo que significaba estar ahí. Y esa mezcla entre desconocimiento e intriga fue lo que me terminó de convencer.

Nos estábamos ya hospedando en Honda, y ese día comenzó muy temprano. Nos levantamos, nos arreglamos y salimos hacia Mariquita. Allí desayunamos un calentado de esos que dan fuerzas y te dejan lleno hasta casi la noche. Ya después, salimos hacia Armero, el trayecto fue corto, unos 30 o 40 minutos.

Al llegar, hubo dos cosas que me marcaron desde el inicio. La primera fue un letrero que decía “Yo amo Armero”, al cual no le tomé foto, porque en lo personal ese letrero se me hacía muy fuera de lugar. Y la segunda fue una estructura que estaba justo en la entrada: el Hospital San Lorenzo (Figura 1), un edificio deteriorado, abandonado y lo que más sorprendía era que se veía hundido, lo que parecía que en su momento fue un edificio de 3 pisos se mostraba de 2.


Figura 1: Hospital San Lorenzo de Armero (Tomado de: https://www.pulzo.com/nacion/virgenes-armero-cuatro-imagenes-religiosas-que-se-salvaron-milagro-PP2233717A)

 

Nos metimos por uno de los caminos que se podían para llegar a la plaza central. Son caminos rodeados completamente de naturaleza: árboles, plantas, verde por todos lados. Es un entorno vivo, lleno de color, pero al mismo tiempo cargado de una historia completamente opuesta. Y esa contradicción es lo primero que empieza a generar ruido, y ese ruido lo experimenté de inicio a fin. Yo venía en el carro tranquilo, incluso callado, observando el paisaje. Soy de los que se duerme en los viajes porque me mareo un montón, entonces venía en ese estado como entre despierto y dormido. Pero todo cambió en el momento en el que me bajé del carro.

Sin exagerar, el cambio de ambiente es abrupto. No es algo que se pueda ver, ni algo que alguien te diga, es algo que se percibe. Yo sentí una presión en los hombros, como si algo me empujara hacia abajo. No era un dolor, no era algo fuerte, pero sí era constante. Era una sensación incómoda, extraña, como estar en casa ajena. Entrar a Armero es entrar a un lugar que no se siente para nada común, sientes como si fueras un extraño, pero al mismo tiempo se siente como si el mismo Armero fuera ese elemento fuera de sí. El ambiente también era pesado. Para nada era un silencio tranquilo, era un silencio inquietante. Un silencio que solito hace ruido. Fue una de las pocas veces en mi vida en las que he sentido un cambio tan fuerte en la energía de un lugar.

A medida que avanzábamos, empezaban a aparecer pequeños letreros con información histórica (Figura 2). Estos letreros estaban distribuidos a lo largo de los caminos, como pequeños puntos de memoria que iban guiando el recorrido.



Figura 2 Letrero de información sobre la visita del Papa

Algo que nos pasó a mí y a mi novia es que a la plaza central tratábamos como de encontrarle forma, como a la distribución, pues estaba distribuido algo extraño, como fragmentado y dividido, en gran parte también por la naturaleza. Allí es imposible no fijarse en los monumentos que tienen construidos, uno de ellos es una estructura de cuatro columnas que se unen en la parte superior, y en cada una hay imágenes hechas a mano que representan la vista de Armero (Figuras 3-4). Se encuentra también una escultura sobre la visita del Papa (Figura 5). Cerca de esos monumentos, hay una iglesia al aire libre en la cual a la entrada se encuentra lo único que se pudo rescatar de la iglesia antigua, la cúpula.


Figura 3 Monumento en honor a la tragedia de Armero         

                    

        Figura 4 Monumento en honor a la tragedia de Armero

Figura 5 Monumento conmemorativo a la visita del Papa Juan Pablo II


Cerca de los monumentos, por un caminito, se encuentra uno de los lugares que más impactado me dejó a lo largo de la salida: los restos del antiguo banco de Armero. De todo el banco, lo único que quedó fue la bóveda (Figuras 6-7). Yo no podía dejar de pensar cómo de todo un pueblo, de todas las casas, de todas las historias, de las pocas cosas que quedaron en pie fue el lugar que resguardaba el dinero, y claramente esa bóveda estaba vacía. Llena de agua, húmeda, abandonada, no dejaba de darle vueltas al asunto, y me preguntaba: ¿Qué es lo que realmente protegemos?, ¿Qué es lo que realmente vale?, ¿y con qué nos quedamos realmente después de todo?

 



       Figura 6 bóveda del Banco de Armero        


Figura 7 bóveda del Banco de Armero

 


Otra de las cosas que me llamaron mucho la atención fueron los árboles, pues varios de ellos tenían pintados a mano en sus troncos ángeles y vírgenes (Figuras 8-9). Era algo simbólico a mi parecer, ya uno venía cargado con esa sensación pesada, también una sensación espiritual, y ver esos árboles, que para mí representan lo vivo de la memoria de un suelo destruido. Como si la naturaleza misma estuviera sosteniendo el recuerdo de lo que pasó. Como si, en medio de la muerte, la naturaleza reflejara lo viva que es la memoria.

     Figura 8 troncos de árboles pintados           



       Figura 9 tronco de árbol pintado

     
                                                                          

Otro aspecto importante fue el abandono. El lugar está completamente solo. No hay presencia de nadie más que los guías y turistas. Como un lugar que guarda tanta memoria, un lugar que solo con el nombre ya representa un dolor inmenso para las víctimas y  para nuestro país, no tiene el cuidado ni la atención que se esperaría.

Posteriormente, llegamos al memorial de Omaira Sánchez. Aquí es imposible no hacer una pausa. Omaira fue una niña que quedó atrapada tras la avalancha, su historia se volvió símbolo de la tragedia y hasta el día de hoy se sigue recordando (Figura 10). Dentro del lugar había imágenes demasiado fuertes, y una de ellas tenía una frase que me dejó la piel de punta: “tocó con los pies en el fondo la cabeza de mi tía” (Figura 11).


Figura 10 Cartel de memoria a Omaira Sánchez Garzón               


Figura 11 Imágenes de la tragedia de Armero
 


Y a unos metros se encontraba la tumba de aquella niña. Por respeto, no tomé fotos del lugar.

Después visitamos la piedra de la tragedia, una roca enorme, de aproximadamente 6 o 7 metros de altura, con poemas tallados en su superficie. Al lado había un altar dedicado al cuerpo de policía, completamente abandonado, cubierto de pasto y maleza. Solo nos reforzó la idea de lo abandonado que estaba ese lugar, realmente da mucha pena y tristeza la falta de conciencia que tenemos en este país.

Más tarde, en Honda, visitamos la Casa Museo Alfonso López Pumarejo. Allí había una sala dedicada a Armero. Estaba repleta de imágenes, libros, testimonios y un mapa enorme del croquis del pueblo, que me hizo dimensionar lo grande que realmente era Armero. Mucho, pero mucho más de lo que yo imaginaba. También había actividades pedagógicas para los colegios que lo visitaran, una me pareció súper interesante, trataba de tomar la imagen de un niño desaparecido en la tragedia y salir al pueblo, allí tenías la misión de encontrar a tus compañeros y profesores, en un lugar irreconocible para ti, intentando replicar esa sensación de pérdida en medio del caos.

También tenían una pequeña zona súper interesante, se trataba de unos carteles con historias de personajes conocidos por los habitantes del pueblo, una por ejemplo se trataba de una mujer conocida como “Miss Universo”, una mujer que salía de un centro psiquiátrico y que caminaba desnuda por el pueblo. Los habitantes ya la conocían, y por su cuerpo la apodaron así, sin embargo, a pesar de que caminaba desnuda la mayor parte del tiempo, siempre era tratada con mucho respeto y no sufría de ningún tipo de abuso.

Finalmente, estaban presentando una especie de documental, en el momento que me senté a ver de que trataba, estaba hablando de un sobreviviente en silla de ruedas, que había adaptado su forma de movilizarse a un carruaje tapado por una bolsa plástica negra y que se movía con de unos pedales de bicicleta que hacía girar con los brazos. En el video pedía un apoyo económico, decía que no buscaba riqueza, que no era ambicioso, que solo necesitaba dinero para una silla de ruedas de verdad. Eso fue un golpe de realidad muy fuerte que le hizo dar mil vueltas a mi cabeza. La ignorancia en la que vivimos, cómo muchas veces nos quejamos con la vida, con nuestra familia, amigos, universidad, etc., sin saber, y no solo eso, entender realmente el contexto tan privilegiado en el que vivimos es algo tan fuerte y triste.

En resumen, esta salida de campo no fue solo una actividad académica. Fue una experiencia que me movió a nivel personal. Me hizo cuestionar lo que valoro, lo que ignoro y la forma en que entiendo la realidad de otros y el privilegio de la mía.
Armero no es solo un lugar donde ocurrió una tragedia. Es un espacio donde la memoria sigue presente, donde el silencio habla y la naturaleza mantiene viva la memoria.
Creo que una de las cosas más importantes que puedo sacar de esta salida es que no se quedó ni se quedará en solo eso, pues hasta el día de hoy sigo pensando en lo que viví ahí y lo que puedo seguir descubriendo de este y otros pedazos de historia tan interesantes y fuertes. Eso, en el mundo en el que vivimos, ya es un comienzo.

 

REFERENCIAS:

Figura 1: Hospital San Lorenzo de Armero: Nación, R. (2022, 13 noviembre). Las vírgenes de Armero: cuatro imágenes religiosas que se salvaron por milagro. pulzo.com. https://www.pulzo.com/nacion/virgenes-armero-cuatro-imagenes-religiosas-que-se-salvaron-milagro-PP2233717A




 

 


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