Bitácora 12: metamodelos
Bitácora: Investigación Social
Samuel González Osorio
Universidad de La Sabana
Profesor: Juan Sebastián Cobos
Munévar
En esta
clase trabajamos el concepto de los metamodelos, una herramienta enfocada en
comprender con mayor profundidad aquello que las personas realmente quieren
comunicar. La idea principal del metamodelo parte de que el lenguaje nunca
logra representar completamente nuestros pensamientos, ya que, al convertir una
experiencia en palabras, tendemos a omitir, distorsionar y generalizar
información. Es decir, lo que una persona dice no necesariamente es un reflejo
exacto de lo que siente o piensa; puede ser simplemente algo cercano, pero en
pocos casos es tal cual lo que vive. Los metamodelos funcionan como una
herramienta que, por medio del lenguaje y usando preguntas con premisas muy
específicas, permite recuperar o traer a la luz esa información y sentimientos
faltantes dentro de lo que nos están comunicando.
Me gusta
mucho que no se trate de ver quién logra preguntar más, sino de entender la
conversación y, por medio de preguntas claras, guiarla para conocer más. Muchas
veces, en una conversación, nos quedamos únicamente con la estructura
superficial de lo que la otra persona dice, aceptando frases ambiguas o
incompletas sin profundizar realmente en ellas. Los metamodelos plantean
precisamente lo contrario: es como un reto o desafío hacia esa información
oculta que no deja salir la otra persona, para entender de manera más clara su
experiencia. Según lo que el profe Cobos nos explicó en clase y lo planteado
por el texto de UAPNL, el objetivo del metamodelo es recuperar información
sensorial específica y llevar la conversación a un nivel mucho más profundo y
consciente. Por eso se evita el uso del “¿por qué?”, ya que esta pregunta suele
llevar la conversación hacia justificaciones, creencias u opiniones, y en su
lugar se utilizan preguntas como “¿qué específicamente?”, “¿cómo lo sabes?”,
“¿quién?”, “¿qué pasaría si…?” o “¿comparado con qué?”.
Dentro del
metamodelo existen tres grandes categorías principales: eliminación, distorsión
y generalización. La eliminación ocurre cuando una persona deja fuera parte de
la información al comunicarse. Por ejemplo, si alguien dice “estoy mal”, la
frase omite datos importantes como qué ocurrió, qué lo hizo sentir así o en qué
contexto sucede. Dentro de esta categoría también aparecen las omisiones
comparativas, donde se compara algo sin aclarar con qué, como en frases tipo
“soy mejor ahora”; y los verbos inespecíficos, donde no queda claro cómo ocurre
una acción. También se encuentran las nominalizaciones, que consisten en
convertir procesos en “cosas”, por ejemplo, cuando alguien dice “la
comunicación es mala”, sin explicar específicamente qué sucede dentro de esa
comunicación.
La segunda
categoría es la distorsión, proceso mediante el cual interpretamos la realidad
a partir de suposiciones o relaciones que realmente no están comprobadas. Un
ejemplo muy común es la lectura mental, como cuando alguien afirma “sé que está
enojado conmigo” sin tener evidencia concreta. También aparecen las relaciones
causa-efecto, como “tú me haces sentir mal”, donde se le entrega la
responsabilidad emocional completamente a otra persona. Finalmente, está la
generalización, que consiste en tomar una experiencia específica y convertirla
en una verdad absoluta. Expresiones como “nadie me entiende”, “todos son
iguales” o “nunca hago nada bien” son ejemplos claros de este tipo de patrón
lingüístico.
Casi al
final de la clase, el profe nos encargó hacer parte del #CobosChallenge.
Básicamente, consistía en mantener una conversación evitando usar el “¿por
qué?” y utilizando preguntas del metamodelo para profundizar más en la
conversación. Para esto, hablé con mis papás sobre cómo les había ido en el
día. Algo curioso fue que ambos se dieron cuenta rápidamente de que yo estaba
súper raro, como más preguntón, porque empecé a hacer muchas preguntas
específicas y diferentes a las que normalmente haría. La verdad, haciéndome una
autocrítica, siento que fui muy obvio y que lo forcé un poco, pero en mi
defensa era la primera vez que intentaba hacerlo. Se notaba que no entendían
muy bien hacia dónde iba la conversación, precisamente porque estamos
acostumbrados a comunicarnos de una manera mucho más superficial. Sin embargo,
sí logré entender un trasfondo más profundo a la hora de responder, así fuera
algo sutil.
Esa
actividad me dejó pensando bastante en cómo solemos hablar con las personas.
Muchas veces creemos que conocemos realmente a alguien simplemente porque
hablamos todos los días con esa persona, pero en realidad gran parte de
nuestras conversaciones siento que ya se dan como en piloto automático, como en
un “¿Hola, ¿Cómo te fue hoy?” “Bien, ¿y a ti?” “Bien también”. Preguntamos cómo
estuvo el día, qué pasó o cómo se siente alguien, pero rara vez profundizamos
verdaderamente en lo que siente, piensa o en las situaciones que está viviendo,
escarbando sutilmente en la mente del otro. Es como si solamente tocáramos el
borde del agua, sin sumergirnos realmente en ella. Y ahí fue donde entendí lo
potente que puede llegar a ser esta herramienta: no para interrogar personas,
sino para aprender a escuchar mejor, comprender más y darle verdadera
profundidad a las conversaciones que tenemos todos los días.
Yánez,
J. L. (2023, marzo 3). Metamodelo del lenguaje de la PNL. UAPNL. https://uapnl.com/metamodelo-del-lenguaje-de-la-pnl/
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